martes, 5 de septiembre de 2017

Érase una vez una pesadilla que se convirtió en cuento…

A veces la vida te propina dos bofetones bien dados, de repente, sin previo aviso que sacuden tu cuerpo, te despeinan y remueven tu vida desde lo más profundo de tu ser. A  bote pronto se sientes de golpe dentro de una pesadilla de la que no puedes escapar. Es una inmersión en el lado oscuro  tan intensa, tan sofocante y tan desesperante…Ves y oyes a los demás muy lejos y sin comprender sus palabras, aunque todos se afanan en darte la mano para que no te ahogues y te envían mensajes de calma. El miedo se apodera de todo y se obstina en manejar la situación arrastrándote al fondo, evitando que respires…y cuando crees que ya estás abajo, que todo está perdido, que la pesadilla te ha vencido, que el miedo cobardemente te ha entregado a las tinieblas…compruebas que a pesar de todo sigues respirando…???...Doy fe de que cuando se toca fondo se acaban desarrollando branquias para respirar y seguir viviendo donde sea que nos sitúen ciertos acontecimientos. Al igual que se aprende a caminar por el profundo  fango con cierta soltura para no pisar a nadie ni levantar nubes cenagosas…Es cuando se comienzan a comprender las palabras de todos aquellos que están ayudándote a gestionar lo que crees que es tu peor pesadilla. Es cuando comienzas a entender dónde estás y qué estás haciendo, y que aunque todo parece difícil, complicado, desconocido porque es la primera vez que estás ahí y haciendo eso, todo está saliendo bien. O saliendo de acuerdo a las condiciones o circunstancias. Entonces el miedo se calma, se sienta a tu lado pero te permite hacerte cargo de la situación. Empiezas a colaborar con las personas que te están ayudando a respirar, a salir a flote, a hacer lo que tienes que hacer, a descubrir que la pesadilla no es real, empiezas a hacer lo que te explican y como te lo explican y compruebas que tú puedes. Puedes desde tus posibilidades, que siempre son más de las que te imaginas. Empiezas a reconocer a toda esa gente que antes apenas veías, les pones cara, nombre, empatizas y empiezas a saborear la interacción con ellos. Y en algún momento sientes que sí, que puedes, ¿por qué no habrías de poder?  Y se abre tu mente y despliegas tus alas y vuelves a ser tú mismo aunque tu hermano pequeño “miedo” se quede asustado junto a ti para que no te despistes y puedas tropezar o pisar mal.  Y cuando te conectas con lo que te rodea, te integras en el escenario y te sientes parte del guión descubres los tesoros que la pesadilla te ocultaba…un mar de pequeñas historias maravillosas donde encuentras seres llenos de Luz como en los cuentos, que te enseñan que, a pesar de todo y que, pase lo que pase, la vida es el milagro que se contiene en una sonrisa, en un ¿cómo estás?, en un…que tengas buen día…o en compartir un café de la máquina que se traga las monedas.

Gracias mil a todos esos seres luminosos que he conocido en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid…especialmente en el Servicio de Nefrología…
A.D.A. 2015

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