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miércoles, 7 de enero de 2026
Apatrullando el cercanías I
Yo pensaba que a éstas alturas de nuestra evolución, tendríamos un nivel de educación o urbanidad más y mejor desarrollado. Peeero, los discursos y comentarios que hemos de oír cada día, hieren la sensibilidad hasta de las piedras. Y, por otro lado, voy constatando una nueva enfermedad. Paralelamente al desarrollo y crecimiento de discursos sobre verdades simultáneas (normalmente falsas, viciadas, retorcidas y que de tanto repetirlas se pretende hacerlas verdad por las bravas) veo que crece y hasta engorda notablemente la impunidad (del latín impunitas …inexistencia de responsabilidad o falta de castigo). Se percibe en actos delictivos de todas índoles, enjundias y gravedades. Y se percibe en actos domésticos, cotidianos que no poseen carácter delictivo, pero si un carácter profundamente irrespetuoso…depositar residuos en cualquier lugar, destrozar mobiliario urbano tanto público como privado, hacer pintarrajos sin permiso incluso en monumentos, elevar el volumen de la música hasta llegar a ser ruido atronador. En cuanto a lo móviles, el repertorio es también amplio como hablar en altavoz, videoconferencias a voces, música –películas-juegos de tiros y explosiones…
Y ya lo que me queda muerta es la odisea diaria de subir al tren y buscar un lugar limpio donde sentarse. Últimamente sentarse en un desafío porque cuesta encontrar un asiento que no tenga resto de bebidas, comidas, latas, papeles pringosos, restos biológicos y huellas de todo tipo de calzado. Injustamente pensaba que son secuelas de la pésima educación que ofrecemos a la juventud, pero la moda del pisoteo es patrimonio de todos por lo que he podido comprobar con éstos mis ojos. Desde chavales de todas las tribus hasta señores de zapato lustrado, se permiten guarrear los asientos. Hay días que casi es mejor ir de pie porque sentarse ahí sin protección te puede arruinar la jornada...


